Interesante resulta la movilización estrtégica en los Comandos
estratégicos en América Latina, los Gobiernos norteamericanos han
modificado en un entorno estratégico el control total operativo de
Centro América y hacia el cono sur de nuestro Continente. Me refiero al
Conocido South Com. En la historia se ha manifestado el control de
actividades de Imperios y Reuinados en los cuales los objetivos a
controlar son activos de comercio y el control de distribución de armas
y droga en una red de colaboraciones estratégicas que permiten el
control de distribución de bienes y servicios.
El Pentágono está transfiriendo gran parte de la operación y
mantenimiento de sus bases militares a contratistas privados con fines
de lucro. Por ejemplo, la fuerza aérea contrató la operación de su base
en Manta a Dyncorp, y hasta los “compañeros de nación anfitriona” que
acompañan en vuelos militares sobre Colombia son contratados a un
contratista privado militar de EEUU.
Cabe señalar que el efecto político de inserción de gobiernos y
respaldos institucionales ha fraguado de manera muy existosa en las
"democracias" incipientes de nuestro contienente. Como americanos
debemos asumir el compromiso de analizar detenidamente estas redes de
control.
La inserción de estos gobiernos "respaldados" no son sino
consecuencia de un proyecto histórico que retarae un futuro teatro de
operaciones fuera de territorio norteamericano, en donde como premisa
se basa en el sustento del poder estructural al costo que sea. El
poder actual no se basa en conquistas territoriales pues la forma de
cultura occidental ha transminado a imponer el carácter de un status
internacional. Quedando obsoleto el criterio de conquista territorial.
Durante una lectura que hice a un antiguo artículo de 2004, de John
Lindsay Poland, se puede percibir ese ánimo concretivo del proyecto
norteaméricanoa consolidar la fortaleza estratégica en Amércia del Sur.
Las facilidades otorgadas a militares estadounidenses representan compromisos tangibles a una guerra ineficaz contra
la oferta de drogas y a prioridades políticas subyacentes incluyendo acceso a recursos estratégicos, especialmente petróleo.
Inicialmente, gran parte de esta madeja está siendo tejida a través
del Plan Colombia, un masivo programa primariamente militar para
erradicar plantas de coca y combatir grupos armados (mayormente
guerrillas izquierdistas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de
Colombia).
En los últimos cinco años, se han proliferado en América Latina
nuevas bases de EEUU y arreglos de acceso militar, constituyendo una
descentralización de la presencia militar estadounidense en la región
con vistas a un escenario bélico fraticida.
Esta descentralización es la manera de Wáshington de mantener un
amplio agarre militar mientras acomoda la renuencia de líderes
regionales a aceptar
grandes bases y complejos militares de EEUU.
Tras la retirada militar estadounidense de Panamá en 1999 las tropas
y comandos militares se reconcentraron en Puerto Rico, dándole impulso
a un movimiento no violento de masas para sacar la marina de su campo
de tiro en Vieques, Puerto Rico.
El 1 de mayo de 2003 la marina norteamericanaabandonó el campo de
tiro de Vieques (aunque permanece en manos federales) y en marzo de
2004 cerró la masiva estación naval de Roosevelt Roads. Los cuarteles
regionales del ejército, la marina y las fuerzas especiales se han ido
de Puerto Rico a Texas y Florida, el cuartel de SouthCom (el comando
conjunto) está ubicado en Miami.
Estados Unidos ha asegurado su inversión hecha por el pentágono en
la inversión de infraestructura expandida en la región, con cuatro
bases militares en Manta, Ecuador, Aruba, Curacao; y Comalapa, El
Salvador, conocidas como “localidades de seguridad cooperativa”, CSL
por sus siglasen inglés. Estos CSL son facilidades rentadas
establecidas para llevar a cabo monitoreo antinarcóticos y operaciones
de intervención. Lo anterior como respuesta a que Wáshington ha firmado
acuerdos de diez años con Ecuador, Holanda (para Aruba y Curacao) y El
Salvador y ha financiado la renovación de facilidades aéreas en
Ecuador, Aruba y Curacao. SouthCom opera también unos 17 sitios de
radar, mayormente en Perú y Colombia, cada uno típicamente operado por
alrededor de 35 personas.
Los CSL y las facilidades de radar monitorean los cielos y aguas de
la región y son claves en las operaciones aumentadas de vigilancia en
la guerra antidrogas de Wáshington en los Andes. “La mayor parte de los
activos disponibles a nosotros están enfocados en la pelea táctica en
Colombia”, dijo en marzo de 2004 el general Hill, jefe de SouthCom.
Aprobada por el breve gobierno del presidente ecuatoriano Jamil Mahuad
en noviembre de 1999, la base en Manta tiene hasta 475 militares
estadounidenses.
Citando literalmente a Lindsey-Poland son varios ejes los que entreveran los restos de moviemientos en Am{erica del Sur:
A) Las bases representan un compromiso de recursos que podrían
haberse usado para programas ambientales y sociales constructivos.
B) Las instalaciones militares estadounidenses operan en un limbo
legal; el personal militar no se rige por las leyes locales, y hay poca
transparencia.
C) EEUU está usando su base en Bahía Guantánamo para evadir el derecho internacional en cuanto a prisioneros de guerra.
D) Las bases militares ultramarinas a menudo causan daños
ecológicos, ya que hay pocos mecanismos para requerir limpieza
ambiental.
Como acertadamente establece el connotado Sociologo James Petras en
reciente entrevista hecha por Sara Leukos : "Deberíamos ampliar la
discusión, de las bases militares y no la simple operación de los
norteamericanos porque coincidiendo con este proceso hay un lanzamiento
de grupos y de organizaciones y movimientos sociales de la derecha."
De manera clara se perfila una simultaneidad de hechos entre el
crecimiento de grupos derechistas en Latinoamérica y la creciente
escalada de Bases Norteamericanas en Cenbtro y Sudamérica. La crisis
internacional económica es el parapente para un reacomodo de fuerzas
estratégicas.
Estaremos aquí en presencia de una cortina de humo? Realmente la
crisis internacional es sólo una ficción de reacomodos estratégicos
para un futuro conflicto que detone el precio del crudo? El tiempo solo
lo dirá... Esperemos no sea el nuevo escenario de un viejo proyecto.
Saludos de su amigo José Gerardo Arrache Murguía.